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Exposiciones

> Obra gráfica de Andreu Maimó


Retrato A. Maimó Retrato de A. Maimó

“Al contemplar la inclinación de Andreu hacia los pies decrépitos de los vegetales maltratados por el paso de las lunas, dañados por las inclemencias de la naturaleza y a veces por el escaso cuidado de los hombres y del ganado, cualquiera diría que tiene presente el refrán que magnifica el envejecimiento: “amigos y vino, cuanto más viejos, más finos”.
El caldo generado por tan retorcida leña tiene que acumular aniversarios prisionero en la madera arqueada del roble para tomar cuerpo, tal como se conserva la amistad, con las vueltas de la rueda del tiempo, dentro de los cuerpos, cada vez más doblados, de las personas.

La cepa, en la obra de Andreu Maimó, se nos muestra como una síntesis de las dificultades de la existencia. La savia tiene que recorrer sendas tortuosas, abriéndose paso entre los escollos de los nudos para dar vida a los sarmientos y a los adhesivos cuernos helicoidales y tiene que esquivar costras de heridas a medio curar y bastiones inexpugnables de insectos subcutáneos, para poder completarse en uva hebén que, a pesar del esfuerzo, a menudo se aleja del ideal de perfección y origina racimos mustios que se abren en detrimento del producto acabado.

Según mi opinión, Andreu, escudriñando la belleza de la imperfección, nos hace abrir los ojos y nos maravilla con cosas que jamás habíamos visto, tan cercanas estaban y rebuscando constantemente en los caprichos de la naturaleza humanizada, entre los lamentos abrumadores y las angustias sollozantes de viñas en decadencia, levanta castillos de belleza con altas torres de animada luz”.

Texto: Cosme Aguiló, para la exposición Vineae Supplicium.



A. Maimó Cep de vinya nº 1, año 2005

“La ausencia de pámpanos en la obra de Andreu Maimó (AM) es la indicación primera que el artista te muestra descaradamente. Todo un enigma. Toda una poética. (...)

Hay en la pintura de AM algo que acaricia el espíritu y lo desuella al mismo tiempo. (...)

No dejo de ver incesantes metamorfosis de cepas. Metamorfosis sin procreación, ni multiplicación: el lirismo exacto. Descubro una obra: cubierta de raíces, las raíces al aire, en la cocina-taller-laboratorio de AM. (...)

Toda mi carne, viva y pensante, se llena de las caricias yermas y rugosas de estas cepas llenas de ojos que miran hacia dentro, en crecimiento profundo, hondo. Hacia dentro”.

Texto: Biel Mesquida, para la exposición Vineae Supplicium.



A. Maimó Raïm 7, año 2004

“Durante la primera visita al taller observé, en efecto, que se trataba de esbozos de cepas y uvas. Y, especialmente, noté como el pintor Maimó me observaba. Sin embargo, únicamente hablamos de que todo aquello era un principio, que sólo eran pruebas. Durante la segunda, quedó claro que el pintor Maimó prefería pintar las cepas sin hojas ni uvas. Le interesaba sobre todo describir la contorsión de los troncos, los filamentos nerviosos sometidos a tensiones y estiramientos extremos, los relieves de malformaciones resultantes, precisamente, del artificio torturante, corrector, al cual los humanos sometían a la planta. Para mostrar este prodigioso tormento sólo los trocos servían. El color amarronado, a punto de muerte, admitía tonos que mostraban mejor los efectos, oscurísimos, de la persistencia de la torsión, de la parada de fluidos que anuncia la ruptura de los tejidos superficiales y del hueso, finalmente. El pintor Maimó, con entusiasta deleite, me hacía ver como la tortura era una forma fructífera del ingenio humano, que sin ella no habría uva. Pero la uva, en las pinturas, no estaba. Yo ya lo entendía, pero no se lo decía”.

Texto: Miquel Barceló, para la exposición Vineae Supplicium.


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