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Presentación


Imágen plataforma utopía centro

El Centro nació de una iniciativa privada que inició su actividad en el 2009. Se inspiraba en otros proyectos que ya estaban en funcionamiento fuera de nuestras islas: el Observatorio del Paisaje de Cataluña, el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca (CDAN), el Centro de Arte y Naturaleza de Farrera (CAN), o la Fundación César Manrique de Lanzarote, por citar algunos ejemplos. Se trataba de proyectos muy distintos entre sí, pero con una filosofía que presentaba más puntos en común que diferencias.
Durante los primeros años contamos con una sede en la zona del Camp Lledó, en el municipio de Ses Salines, de donde toma el nombre que hemos querido conservar. Después comenzamos una nueva etapa en la que el Centro, al no disponer de sede física, se transforma en la Plataforma para la Utopía. Desde nuestra web seguimos dedicándonos a la producción y difusión de proyectos culturales y artísticos enmarcados en una línea concreta basada en la interrelación del arte contemporáneo y el paisaje.

Imágen de la entrada del centro

Definición y filosofía


La Plataforma para la Utopía pretende ser un punto de partida para la reflexión y el análisis crítico y constructivo acerca del paisaje y la naturaleza a través del pensamiento artístico. Está dedicada al paisaje en el sentido amplio de la palabra y en sus relaciones con el arte contemporáneo. Esto implica hablar de territorio, naturaleza, arquitectura, patrimonio y, en definitiva, de la relación entre ética y estética.
Nos basamos en la interdisciplinariedad a la hora de realizar nuestros proyectos porque consideramos que trabajar en la preservación del paisaje puede y debe hacerse teniendo en cuenta el mayor número de puntos de vista y con la implicación de todos los sectores de la sociedad.


Nuestro enfoque temático no puede desligarse del marco del que surge: Mallorca, donde el tema del paisaje es una cuestión crucial y urgente a tratar. Frente al deterioro urbanístico y paisajístico que está sufriendo nuestra isla, tal vez sea ya utópico pensar en un futuro donde arquitectura y paisaje se respeten mutuamente. La cuestión del paisaje trasciende el hecho artístico para ubicarnos en un dilema ético que nos afecta de lleno por el hecho de vivir en un lugar turístico. Por tanto, el paisaje no puede desligarse ni de la economía ni de la política. Nuestro modelo de crecimiento económico ha demostrado ser enemigo acérrimo del respeto por la naturaleza y el paisaje propio, dando lugar al término “balearización”. Frente a esto, ofrecemos una alternativa crítica, emparentada con la ecología pero con la voluntad de ir más allá. Nos queda el espacio del arte y de la cultura, con el componente pedagógico que esto implica.